Muchas veces leemos o escuchamos que el Universo entrega aquello que pedimos.
Hoy te quiero contar una historia curiosa que escribí en mi diario personal hace más de 20 años, cuando abracé por completo mi espiritualidad.
Espero y deseo que te inspire y te deje pensando.
\[caption id="attachment\_3717" align="aligncenter" width="1024"\]Foto: Zac Durant / Unsplash\[/caption\]
El lunes tuve reunión de trabajo y tras una hora de charla quedé en recopilar información y buscar una solución a una inquietud de mi cliente. Salí de la reunión pensando dónde y cómo buscar la respuesta al problema. Pero como tenía otras tareas en mi agenda aparqué la búsqueda. En realidad contaba con tiempo de sobra.
Esa misma tarde en el estudio trabajaba con otro proyecto. Y escuchaba al mismo tiempo un audio donde explicaban un ejercicio para entregar nuestros días a la Divinidad dejando el ego de lado. Hablaban de la Divinidad pero se referían al Universo, a Dios, o como quieras llamarle. El ejercicio me pareció muy interesante.
Ejercicio para hablar con Dios
El ejercicio nos invitaba a hablar con Dios pidiendo con el alma. Buscar un momento de tranquilidad, cerrar los ojos y con las manos en el corazón, hablar con el cielo.
Entregar a la Divinidad aquello que necesitamos aprender y entender. Y luego vivir el presente aceptando siempre lo que venga por delante.
Por la noche justo antes de dormir realicé el ejercicio añadiendo una visualización.
Unos días después todavía no encontraba la solución. Tampoco me preocupaba porque contaba aún con algunos días para dar con ella. Además tenía la certeza que la respuesta llegaría de un modo u otro porque el Universo entrega.
Por la noche decidí dar un paseo por la playa. Mientras caminaba me encontré con un amigo al que no veía desde hacía por lo menos dos años. La charla duró apenas unos minutos y nos despedimos prometiéndonos un futuro encuentro.
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El cielo habla
Seguí caminando y riendo en silencio. La respuesta que estaba buscando la encontré en sus palabras. Brevemente me explicó un proyecto que estaba desarrollando que “casualmente” era idéntico al que estaba haciendo yo. Mi amigo sin saberlo, me estaba dando la solución.
Mi lectura fue la siguiente. El Universo se puso en contacto conmigo a través de un amigo lejano para entregarme la respuesta que estaba buscando.
Esa noche agradecí profundamente otra vez la ayuda del Universo.
No hay casualidades.
Y ahora te pregunto a ti, ¿te gustaría escuchar en uno de mis programas una guía para realizar el ejercicio? Si te parece una idea interesante por favor deja aquí mismo un comentario.
Muchas gracias.



